La frustración: su importancia y cómo manejarla

Conversando con mamás de otros niños, amigas y en base a mi propia experiencia como mamá, me he dado cuenta que para muchos permitir la frustración de los hijos es un tema confuso y complicado. Si nos quedamos con los titulares de algunos artículos u otros que hablan sobre crianza respetuosa, psicología positiva, etc… sin entender en profundidad, sin tomar en cuenta edades o simplemente a que contexto responden, nos han llevado a pensar en los límites y en la frustración como algo negativo.

Para partir: los niños necesitan límites y de eso no tengo dudas. Para no generar ansiedad y tener niños tranquilos con la energía puesta en lograr las tareas del desarrollo que les corresponde, es necesario  tanto límites que estructuren su rutina, como límites que les muestren un camino a seguir con respecto a temas que para cada familia son valorables. Todo esto les permite en el primer caso predecir que vendrá y así estar tranquilos y en el segundo caso aprender a desenvolverse de manera adaptativa, fomentando el desarrollo de áreas del cerebro que permiten la adquisición de habilidades de segundo orden como son la empatía, reflexión y autoconocimiento, necesarias para lograr tener buenas relaciones con los demás, poder amar, respetar y disfrutar, entre muchas otras importantísimas habilidades  que nos permiten vivir una vida más plena.

¿Porqué hablo de los límites? Porque estos son una de las principales fuentes de frustración en los niños y por otra parte  poner límites y por lo tanto tolerar la infinidad de consecuencias que viene con eso, no es tarea fácil. Es un desafío a veces cansador para los papas, primero porque requiere paciencia, voluntad y lo mas importante autocontrol.

La frustración es importante de vivir.  Cuando decidímos no permitir algo, estamos ayudando a nuestros hijos a conocer sus propios límites,  esto les ayuda a entender eso que les cuesta y que tienen que trabajar, o sea contribuye a su proceso de autoconocimiento, cosa fundamental para una persona en desarrollo. Cuando marcamos la cancha de manera firme en un ambiente protegido, donde el objetivo es mostrar el camino a seguir, con la idea de que todos los niños son capaces de aprender, que la equivocación esta permitida y que pase lo que pase el amor incondicional por ese hijo no esta en juego. Esa experiencia lejos de ser traumática  se convierte en una instancia de aprendizaje maravillosa que permitirá el desarrollo integro de ese niño.

Pero ¿Cómo marcar este camino, poniendo límites, sin que esto sea dañino?:

  • Si decidimos parar una conducta que no nos parece adecuada en nuestros hijos. Esto tiene que hacerse de manera consecuente y constante, ya que esto viene siendo  parte de la necesidad que tienen los niños de poder predecir el entorno y los límites no están fuera de este proceso.
  • Que luego de generar una frustración seamos capaces de contener las emociones a veces confusas que conllevan este tipo de cosas. Para eso es importante el contacto físico de consuelo y la verbalisación de las emociones que el niño pudo sentir en ese momento. Poniendo énfasis en la conducta negativa y no en la identidad del niño. Ejemplo: No seas violento, no puedes pegarle a tu hermano. v/s  Pegar hace doler al otro, no le gusta y le da pena. Cuando algo no te guste, cuéntame yo te ayudo. Pegar es algo que no voy a permitir.
  • Y por último les aconsejo “elegir las batallas”. Por un lado elegir erradicar aquellas conductas que no van con los valores que queremos inculcar en nuestras familias y que queremos parar.  Y por otra parte tener en cuenta la edad y capacidades de nuestros hijos. Por ejemplo al año de vida no es viable pensar que los niños van a tener la capacidad de ponerse en el lugar de otro. En ese caso es mejor no dar tanta atención a las conductas que tengan que ver con este tipo de habilidades. Un ejemplo típico de esto: Cerca del año y medio muchos niños comienzan a morder cuando no les gusta algo. Para muchas mamás esto es una conducta que no es permitida.  Esta se puede parar en ese momento, darle a entender de manera rápida que no esta bien. Pero al mismo tiempo no darle mayor atención con una conversación que probablemente en esa etapa de la vida no va a poder entender y que lo único que  logrará será reforzar la conducta negativa por un exceso de atención.                                Ojala que las batallas que elijamos no sean muchas, ya que los niños necesitan sentirse más capaces, habilidosos y adecuados que lo contrario. Si vivimos poniendo límites al estilo militar y el “No” se convierte en nuestra frase favorita probablemente ese objetivo no se cumplirá y nos veremos terriblemente desgastados.

 

 

 

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